Compañeras, compañeros: Hemos leído la nota de la RLPT explicando por qué se ha movido la huelga del 8J. Se agradece el tono conciliador, pero hablemos claro: la transparencia llega tarde y, sobre todo, llega después de haber decidido por toda la plantilla. En esa nota se confiesan tres cosas, y las tres retratan a quien las firma.
La nueva fecha nos la ocultaron a propósito
Lo reconocen en su propia nota: callaron la nueva fecha porque, si la anunciaban antes, la empresa podía volver a colocar las implantaciones en su calendario original y eso nos perjudicaba. O sea, que decidieron por nosotras y por nosotros qué podíamos saber y cuándo. Eso no es protegernos, es tratarnos como si no fuéramos mayores de edad. Y tiene delito: para decidir si había huelga, encuesta; para decidir cómo hacerla, encuesta; para desconvocarla, ni una palabra hasta tenerlo todo atado.
Mucha consulta para movilizar y ninguna para desmovilizar. Esto demuestra un comportamiento poco democratico y poco transparente además de probarnos a todos que las decisiones no se toman dentro del marco laboral de BBVA Technology. Por si fuera poco, para la convocatoria de la nueva fecha no tienen en cuenta la opinión del conjunto de la plantilla. Los trabajadores no estamos al servicio de
los sindicatos, los sindicatos deben ser la herramienta.
Una huelga no es un photocall
Nos dicen que con la visita del Papa habría poca cobertura mediática, cortes de metro y problemas de seguridad. Pero una huelga no se convoca para salir en el telediario: se convoca para parar la empresa. Su fuerza es económica, no fotogénica. Y si el plan era una foto bonita de la concentración, el problema no lo trae el Papa: lo trae un comité que no tenía plan B. Lo del teletrabajo es la guinda: si la plantilla para, los sistemas no se sostienen solos. Decir que una huelga en remoto "no se notaría" no cuela; lo único que destapa es que no saben mover a una plantilla que ya no cabe en una sola oficina.
Madrid no es el ombligo de nuestra lucha
El 8J el Papa está en Madrid, no en Bilbao ni en Barcelona. Aquí no hay misa multitudinaria, ni papamóvil, ni calles cortadas: hay ganas de pelear. Suspender el paro en todo el Estado por lo que pasa en una sola ciudad es olvidar que la empresa también la sostenemos quienes estamos en las sedes de fuera. Si Madrid se complica, la salida de un sindicato serio es bien sencilla: fletar autobuses y concentrarnos todas y todos en Bilbao, donde el banco tiene su domicilio social. Es lo que proponemos desde CGT, y no hacía falta cancelar nada para verlo. Y esta vez no es la primera vez que sucede algo similar. Tenemos que recordar como se paso por encima del calendario laboral de Bilbao a la hora de decidir los días de la huelga anterior.
Un balón de oxígeno regalado a la patronal
No perdamos de vista por qué peleábamos. BBVA cerró 2025 con 10.511 millones de euros de beneficio, el mayor de su historia, y va a repartir más de 9.000 millones entre sus accionistas. La estructura directiva ha visto incrementada su retribución muy por encima del IPC sin cumplir objetivos importantes como la fusión con el Sabadell, el CEO ha visto incrementado su salario un 11% y en 1 millón de euros. Sin embargo, a la plantilla, nos congelan el sueldo. Desconvocar una huelga ya registrada, con los ánimos encendidos, es regalarle oxígeno a la patronal y servirle gratis la "paz social" que llevaba meses buscando. Lo que está en juego es nuestro salario, nuestras condiciones, no la agenda turística de Madrid. Y la decisión se ha tomado sin contar con nadie.
Qué más ibamos a esperar del sindicato que ha firmado el convenio colectivo del que se está quejando...
Y ojo con lo que viene: cada vez que se desconvoca por las buenas, se le enseña a la plantilla a no creerse la próxima convocatoria. Así se desinfla una huelga antes incluso de fijarla.
Que quede claro: el malestar no lo inventamos en CGT. Basta asomarse al propio grupo que CCOO ha abierto a la plantilla para verlo. Esto no va contra la base de CCOO, que está tan quemada como nosotras y nosotros. Va contra una forma de hacer sindicalismo que decide en
un despacho y comunica cuando ya no hay vuelta atrás.
Por cierto, una ironía que viene al pelo: el Papa al que le habéis despejado la agenda se llama León XIV en honor a León XIII, el "papa de los trabajadores". Aquel, ya en 1891, defendió el salario justo, la dignidad del trabajo y el derecho a organizarse en sindicatos, y dejó dicho que explotar a quien trabaja era pecado. Y el actual eligió ese nombre precisamente para reivindicar esa misma dignidad frente a la nueva revolución industrial, la de la inteligencia artificial. Justo lo que construimos cada día en esta empresa. Hasta el Papa al que le hacéis sitio lo tiene más claro que la burocracia que dice representarnos.